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Babylonstoren
Una granja holandesa del Cabo donde el huerto de tres hectáreas marca el menú y el ánimo

Una ciudad, tres climas hoteleros, y las nubes deciden
El panorama hotelero de Ciudad del Cabo tiene tres caracteres bien distintos. En la costa atlántica, casas pequeñas de diez a veinte habitaciones se asientan bajo los Doce Apóstoles, con vistas al mar y piscinas de inmersión. En el City Bowl, edificios victorianos y de estilo colonial holandés del Cabo se han convertido en hoteles de diseño con cocinas serias. A una hora hacia el este, los Winelands de Stellenbosch y Franschhoek ofrecen hoteles en fincas donde viñedo, restaurante y spa pertenecen a la misma familia, y donde el silencio al caer la noche es justamente lo que se busca.
Las familias y quienes viajan con perro encuentran más espacio y una acogida más cálida en los Winelands que en la costa, donde las casas son estrechas y las escaleras empinadas. La temporada va de octubre a abril; febrero y marzo traen la vendimia y el mar más sereno, mientras que de junio a agosto todo está verde, húmedo y tranquilo, con ballenas frente a Hermanus. Los habituales dividen la estancia, primero la ciudad y al final la finca, y nunca fijan de antemano el día de la Montaña de la Mesa, porque son las nubes las que deciden.
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Una granja holandesa del Cabo donde el huerto de tres hectáreas marca el menú y el ánimo
8,3
Una piscina en la azotea sobre el centro antiguo, en dos edificios históricos llenos de arte local
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