Casa antigua, ala nueva: cómo alojarse bien en un hotel histórico
Insider · 6 min de lectura

Casa antigua, ala nueva: cómo alojarse bien en un hotel histórico

La fachada vende la habitación, pero tu cama puede estar en un ala posterior. Qué preguntar sobre alas, ventanas, ascensores y salones antes de reservar en una casa antigua.

La mayoría de los hoteles históricos se venden con sus estancias más antiguas: la escalera, el vestíbulo de azulejos, el bar donde un día se sentó alguien célebre. Luego muchos huéspedes duermen en otro sitio, en un ala añadida décadas después o en un edificio más nuevo al fondo del jardín. No hay engaño en ello, y algunas de las habitaciones posteriores son las mejores. Pero las páginas de reserva rara vez dicen en qué edificio está cada categoría, qué cambió la restauración o qué salones nobles puedes usar. Un poco de trabajo previo a la reserva resuelve las tres cosas.

La casa de la foto y la habitación que te toca

Muchos hoteles antiguos son varios edificios bajo un mismo nombre. La casa original pone las fotografías; las ampliaciones y los edificios vecinos reconvertidos ponen buena parte de las camas, y las categorías de habitación suelen seguir a los edificios. Ninguno es mejor por definición: la casa antigua suele tener los techos y el carácter, el ala posterior a menudo el baño más grande. Pregunta en reservas en qué edificio está cada categoría y cuándo se construyó.

El Bela Vista, en Praia da Rocha, lo explica bien. Su palacete neomanuelino sobre el acantilado se construyó en 1918 y, entre 1934 y 1936, se convirtió en uno de los primeros hoteles del Algarve, con sus paneles de azulejos que ilustran Os Lusíadas y sus vidrieras intactos. Sin embargo, las 38 habitaciones se reparten entre el palacete y otros dos edificios, Casa Azul y Casa Jardim. Para dormir en la casa histórica con el océano en la ventana, pide la Junior Suite Sea View del palacete, en una planta alta y alejada de la avenida.

Imagen ilustrativa de Bela Vista Hotel & Spa
PortugalBela Vista Hotel & SpaUno de los primeros hoteles del Algarve, un palacete de azulejos en el acantilado con mesa estrellada
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Lo que cambia una restauración: ventanas, ascensores, baños

La protección patrimonial limita lo que un propietario puede modificar, y se nota en lugares previsibles. Las ventanas a menudo se conservan o se copian con el diseño original, de modo que el lado de la calle puede ser más ruidoso o tener más corrientes, y el silencio puede venir de un segundo cristal instalado por dentro. Los ascensores añadidos a casas antiguas suelen ocupar un hueco de escalera o un patio de luces, por lo que pueden ser pequeños, y en algunas plantas hay que salvar unos peldaños. Los baños se encajaron a menudo en estancias que nunca se pensaron para ellos, así que su tamaño varía dentro de una misma categoría. Pregunta por el acceso sin escalones, el ascensor, ducha o bañera, y cuándo se renovó por última vez tu ala.

Una restauración también puede devolver algo. The Beekman, en el Lower Manhattan, ocupa el Temple Court, terminado en 1883 como uno de los primeros rascacielos de la ciudad; su atrio de nueve plantas bajo un lucernario piramidal estuvo tapiado durante décadas y no volvió a ver la luz hasta la restauración de 2005 a 2008. El edificio explica también el punto débil del hotel: algunas habitaciones dan al patio de luces interior y reciben poca luz natural. Pide una planta alta del lado de Nassau Street o de Beekman Street, o uno de los dos Turret Penthouses con terraza privada en la azotea.

Imagen ilustrativa de The Beekman, A Thompson Hotel
Nueva YorkThe Beekman, A Thompson HotelUn atrio de nueve plantas de 1883, tapiado durante décadas y hoy corazón de un hotel del Downtown
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Muros antiguos, hotel nuevo

Algunos hoteles históricos son hoteles nuevos dentro de muros antiguos: habitaciones y baños proyectados desde cero, pero sin un siglo de vida hotelera en los pasillos. Es una estancia distinta, no peor, siempre que sepas qué tipo de hotel estás reservando.

Rosewood Vienna abrió en 2022 en tres edificios del siglo XIX en la Petersplatz que en su día albergaron la sede de un banco vienés. Se conservó la fachada neoclásica, el patio de operaciones se convirtió en el vestíbulo, y uno de los edificios guarda el piso donde vivió Mozart mientras escribía El rapto en el serrallo. Las habitaciones están acabadas en madera clara, piedra y textiles vieneses, no en dorados. Baja temprano a desayunar bajo el tejado para conseguir una mesa junto a la ventana frente a la cúpula de la iglesia de San Pedro, y termina el día en THE1835, el bar de la azotea que lleva el nombre del año en que se construyó la casa.

Imagen ilustrativa de Rosewood Vienna
VienaRosewood ViennaUn antiguo banco en la Petersplatz con una azotea que mira a la catedral
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Pasa tiempo en los salones

Uno se aloja en una casa antigua, en lugar de admirarla desde la acera, por las estancias que pocos propietarios construirían hoy: el vestíbulo, el bar, la biblioteca, el patio o el jardín. Pregunta si los huéspedes pueden usarlas a diario o si se reservan para eventos, cuándo está más tranquilo el bar y dónde se sirve el té de la tarde. Después organiza tu estancia en torno a ellas: una hora a última hora de la tarde, una última copa antes de dormir.

The Goring nunca ha pasado a manos de una cadena. Abrió en 1910, el último hotel construido en Londres durante el reinado de Eduardo VII, y la familia fundadora lo sigue dirigiendo, ya en la cuarta generación. Detrás hay un jardín privado, algo raro tan cerca de la estación de Victoria; las Garden Suites y las habitaciones que dan al jardín miran al césped en lugar de a Beeston Place y son más silenciosas. Toma el té de la tarde en la Veranda, reserva una noche para el bar y su excelente bodega, y reserva tanto el almuerzo como la cena en el Dining Room, que tiene una estrella Michelin: a mediodía los carritos circulan con más calma y es más fácil conseguir mesa junto a la ventana.

Imagen ilustrativa de The Goring
LondresThe GoringUna casa eduardiana de propiedad familiar detrás del palacio de Buckingham, con jardín propio
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Lee el edificio antes de reservar

En la página de historia del hotel, apunta dos fechas: el año en que se levantó el edificio y el año en que se convirtió en hotel. Pueden separarlas un siglo o más, y la segunda te dice más sobre tu dormitorio. Busca también el nombre original del edificio, porque la historia suele estar ahí: en el caso del Beekman es Temple Court, monumento protegido de la ciudad de Nueva York desde 1998. Muchos países tienen un registro público de edificios protegidos que se puede consultar por dirección. Después abre un mapa de satélite: un bloque de cubierta plana detrás de un tejado a dos aguas, o un patio de luces estrecho, indican dónde es probable que estén las habitaciones más nuevas y más oscuras.

La historia no siempre es un único edificio. Ceylon Tea Trails son cinco bungalós de plantadores en las fincas de té del valle de Bogawantalawa, construidos para los administradores británicos de las plantaciones entre 1888 y 1925 y gestionados cada uno como una casa privada con su propio chef y mayordomos, así que el bungaló que eliges es la estancia que tendrás. Tientsin, el más antiguo, conserva su aire de club y es el que está más alto; Castlereagh está a orillas del lago con un cenador en el jardín, donde puedes pedir a tu mayordomo que sirva el té de la tarde. Ve entre diciembre y abril, los meses secos, cuando por la noche se encienden las chimeneas.

Imagen ilustrativa de Ceylon Tea Trails
Sri LankaCeylon Tea TrailsCinco bungalows de plantadores de té sobre un lago de montaña, llevados como casas privadas
Grandes hotelesPequeño y personalMuy tranquiloVistas panorámicas

Antes de pagar una señal, envía cuatro preguntas al departamento de reservas:

  • ¿En qué edificio y en qué planta está esta categoría, y cuándo se construyó ese edificio?
  • ¿Cuándo se renovó por última vez la habitación, y tiene ducha, bañera o las dos?
  • ¿Se puede llegar a la habitación sin escalones, y qué tamaño tiene el ascensor?
  • ¿Qué salones están abiertos a los huéspedes todos los días, y en qué horario?

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